El viernes 28 de marzo de 2025, un terremoto de magnitud 7,7 estremeció Myanmar, con epicentro a 17 kilómetros de Mandalay. Cuatro días después, el 1 de abril, el saldo oficial de la junta militar asciende a más de 2.000 muertos y 3.800 heridos, aunque el Servicio Geológico de EE.UU. insiste en que las víctimas podrían superar las 10.000. Más de 200 réplicas han azotado el país, profundizando una crisis en una nación ya marcada por la guerra y la pobreza. Desde Mandalay hasta los suburbios de Yangon, como North Dagon Township, el sismo ha dejado un rastro de devastación, que el mundo no puede ignorar.
Una tierra quebrada, un pueblo vulnerable
La falla de Sagaing, que atraviesa Myanmar, volvió a rugir con furia. En Mandalay, edificios colapsaron en instantes. "Vi a familias atrapadas bajo los restos, gritando por ayuda", relató un sobreviviente a Myanmar Now. A 600 kilómetros, en Yangon, el temblor llegó con fuerza suficiente para dañar casas frágiles en North Dagon Township, un suburbio populoso donde miles viven en construcciones sin estándares sísmicos. La autopista Yangon-Mandalay está fracturada, el puente Ava en Sagaing yace en ruinas, y en Naypyidaw la torre de control del aeropuerto militar quedó destruida. La Cruz Roja alerta sobre presas al borde del colapso, mientras cortes de luz e internet, según la BBC, aíslan aún más a la población.
Una catástrofe sobre otra
La ONU ya estimaba que 20 millones de personas en Myanmar —un tercio de su población— necesitaban ayuda antes del sismo. Hoy, esa emergencia se desborda. Hospitales en Mandalay y Naypyidaw atienden en las calles, y miles pasan las noches al raso, temiendo nuevas réplicas. "No tenemos agua ni luz, mi casa está inhabitable", contó una madre en Yangon al servicio birmano de la BBC. En North Dagon, las comunicaciones colapsaron, dejando a sus habitantes incomunicados y vulnerables.
La guerra civil, que desde 2021 ha desplazado a 3 millones, agrava la tragedia. En Shan y Sagaing, el Gobierno de Unidad Nacional (NUG) reportó bombardeos militares el sábado 29, mientras rescatistas buscaban sobrevivientes. La junta, que extendió el duelo nacional, pide ayuda internacional, pero su historial —como el manejo del tifón Yagi en 2024— genera desconfianza. En X, un usuario clamó: "El gobierno nos olvidó, solo quedan escombros".
El eco regional y la respuesta global
El sismo cruzó fronteras. En Bangkok, un rascacielos en construcción cayó, dejando 19 muertos hasta este martes 1 de abril. Tailandia y Laos sintieron los temblores, y la solidaridad internacional se activa: China envió equipos desde Yunnan, Japón y Reino Unido comprometieron fondos, y la ONU destinó 7 millones de dólares tras ajustar su aporte inicial. Sin embargo, carreteras destruidas y combates obstaculizan la ayuda, especialmente en zonas como North Dagon.
Voces entre el polvo
"Mi vecino quedó atrapado, no teníamos cómo sacarlo", escribió un joven de Mandalay en X. En Yangon, una mujer narró: "Los niños corrían mientras todo temblaba". En North Dagon, la incomunicación dificulta conocer el alcance total, pero imágenes de casas agrietadas inundan las redes, un grito mudo que rompe la censura militar.
La realidad de las Hermanas Dominicas
Desde Acción Verapaz, la preocupación por Myanmar es profunda. Las Hermanas Dominicas Misioneras de Santo Domingo, presentes en North Dagon, y sus comunidades en Tailandia, vivieron momentos de terror con los temblores. Según la Priora General, no han sufrido daños personales graves, pero el susto fue inmenso. Una hermana en contacto desde otro país, informó que parte de un convento en Myanmar, donde vivía con su madre, se derrumbó. El día del sismo, buscaron refugio en las calles, lejos del epicentro, pero igualmente afectadas. Las comunicaciones están cortadas, y pese a los esfuerzos, aún no hay contacto directo con las hermanas en la zona. "Es una catástrofe que golpea a un pueblo ya castigado", nos comentó la hermana.
Un llamado a no olvidar
Myanmar enfrenta un punto de no retorno. El terremoto agrava una crisis donde la miseria y la represión ya eran diarias. En North Dagon, las Hermanas Dominicas y Acción Verapaz son testigos de un dolor que trasciende fronteras. La ayuda internacional debe llegar rápido y sin desvíos. Mientras los rescatistas luchan entre escombros y las réplicas persisten, Myanmar clama: ¿hasta cuándo?